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27 julio 2008

Raul Gómez Jattin
Y de lo que me lleva a él de nuevo

Me lo enconté una mañana sin mucho oficio en la feria del libro del 2004. Me lo encontré porque necesitaba encontrarmelo, tal vez lo estaba buscando, y asi como me encontré con Andrés Caicedo a los 10 años ahí estaba él 10 después, no en persona, seguramente me habría enamorado, sino en un libro que, digamos, trataba de contar su historia.

De ahí no hay mucho que decir, me casé como me caso siempre, y es inexplicable como, contario al pensamiento de uno que otro iluso, es él quién me viene a la memoria cuando empiezo con el tema de los amores decididos, es él quién ha influenciado el discurso que no haré público, y si, obvio está lejos de ser de antología pero es mio, es mi referente favorito, de esta tierra, del amor, de lo desvalido, del loco, del perdido, pero sobre todo, de la soledad.

28 noviembre 2006

Quien espera desespera… y en su espera encuentra cosas que no esperaba

Hace más de un año leí por primera vez un blog fue en nuestro ponderado (nótese el tono irónico) periódico El Tiempo el texto era este famoso discurso (Haciendo click en la imágen encontrarán la traducción). Después de leerlo no he podido dejar de citarlo, para muchos puede ser básico (muchos pensarán que es una lectura de esas como Chocolate caliente para el alma), pero no, para mi fue esclarecedor. Lo traigo a colación porque es ahora cuando me llegan cosas que no esperaba...estoy empezando a unir los puntos…

Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación —Commencement— de Stanford


30 octubre 2006

Recordando a cristina y los subterraneos

Esta canción empezó a tener sentido para mi a eso de los 12 años, aunque era MUY inocente y no sabía que quería decir " que sacuda mi cama como un animal y que por la mañana me de un poco más" pensaba que eran besos o algo asi, en todo caso ahora que la escucho pues que triste, sigue teniendo sentido y nada que aparece...

Que en sus brazos me sienta una niña pequeña
Sonria me mienta y se trague mis penas
Que sacuda mi cama como un animal
Y que por la mañana me de un poco más
Que no sea muy malo que no sea muy bueno
Y si me hace regalos que no le cuesten dinero

Alguien que cuide de mi
que quiera matarme
y se mate por mí
alguien que cuide de mí
que quiera matarme
y se mate por mí

Que no quiero mas chulos que no traen un duro
Ni tíos muy feos con un gran empleo
Que no quiero borrachos ni locos de atar
Ningún mamarracho que me haga llorar
Ni chicos perdidos buscando a mamá
Ni tipos muy finos que luego te la dan

Que me lleve a la feria y luego a bailar
Le dejare ver mis medias
Para que corra detrás

04 octubre 2006

¿Dónde estará la niña?

Sufro del mal del paisa, me encanta organizar todo, tener una cajita para todo, un organizador para todo, a pesar de que en mi cabeza no hay orden, pero ese no es el punto, el cuento va a que como siempre estaba organizando las cosas que tengo en mi PC, cositas que he ido acumulando desde hace 6 años y me he encontrado con esta foto.

Durante el primer semestre de 2004 solíamos frecuentar un orfanato. Era una casa grande de esas que eran llamadas “de campo” por esas familias adineradas que vivieron en la Bogotá de antaño, de hecho aseguraban que había sido donada por la familia Lleras, estaba ubicada en Sibaté, cerca de ese lugar al que le tengo tanto miedo. Allí un grupo de monjas, favor no preguntar la comunidad, se encargaba de unas 400 niñas entre los 3 y 17 años.

Empezamos a ir por iniciativa de un profesor interesado en que adquiriéramos algo de experiencia social, su argumento era algo así como “ustedes hijos de papi y mami hagan algo por los que no tienen” para muchos era muy difícil ir, las visitas se hacían los sábados a las 8 a.m. y pues el guayabo a veces no dejaba... fui cuatro o cinco veces, creo que no falté ninguna.

Estas niñas tenían uno de dos orígenes habían sido abandonadas por sus padres o habían sido dejadas en este lugar en una especie de “internado” donde los padres pagaban una suma de dinero simbólica para que allí se hicieran cargo de su hija o de sus hijas, con este dinero se financiaba gran parte de la manutención de las que eran huérfanas

Cada vez que recuerdo ese lugar no puedo evitar que me pase un escalofrío por el cuerpo. Recuerdo la emoción que sentí en el regreso de todas las visitas, me juraba que ayudaría a estas niñas, hacíamos planes para regresar lo más pronto posible para seguir inventándonos cosas para divertirlas… pero nunca pasó. Las olvidamos muy pronto como si sólo fueran otra materia que teníamos que aprobar…


Una de esas niñas en particular cautivaba mi atención, y había otra que siempre quería estar conmigo. A la izquierda la que siempre quería estar conmigo… en el lado derecho la que llamaba mi atención.

La de la izquierda tenía una hermana que cuidaba de ella de manera muy diligente mientras estaban en el internado y de hecho siempre estábamos las tres, nos gustaba hablar de cómo era su vida en el campo y de lo bonito que era cuando salían de este encierro obligado a estar con sus papás de vacaciones, aunque un poco tristes me daban una razón clara para estar ahí “somos muchos y mamá no puede con todos” igual estaban las dos, lo que era un alivio…

De la segunda sólo recuerdo el nombre Jennifer, tenía 5 años en ese entonces y era lo que podríamos llamar una niña problema, silenciosa, agresiva, con todas sus compañeras peleaba, no le gustaba que la peinaran… en fin toda una “joyita”

Al ser hija de madre psicóloga, tiendo a ser psicóloga barata, es decir, vivo analizando a la gente, la maña se me ha quitado, pero en ese entonces solía hacerlo muy a menudo, entonces pensaba que esta niña quería atención, ahora que miro atrás creo que no estaba tan equivocada…

Una tía la había dejado en este lugar porque su mamá la había abandonado, todo gracias a que el papá las había abandonado. Jennifer me contaba que alguna vez habían sido felices, vivían los tres y ella era muy feliz… la explicación para estar ahí en su vocecita de 5 años y con esos ojos que me hacían llorar, era que como su papá había abandonado a su mamá, ella se había “puesto” muy triste y entonces la había abandonado a ella…

Las monjas me contaron una versión muy parecida de la historia, agregando que el padre había venido una vez, entonces Jennifer decía “igual me prometió que iba a volver”

No volví a ver esos ojos y se me olvidó que alguna vez, cuando pensaba que no iba a poder tener hijo, había deseado con todo el corazón, ser grande para poder adoptarla y que ya nunca más se sintiera abandonada…

Ahora soy “grande” y podría adoptarla y todo se me había olvidado…