Mostrando las entradas con la etiqueta mi hijo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta mi hijo. Mostrar todas las entradas

22 julio 2008

Lo que pienso del conflicto armado colombiano
Parte I

Esta mañana en la NQS había un mensaje “Felíz Día” hecho por diez policías bachilleres, de los diez ocho tenían una camiseta blanca con cada letra de la frase impresa y los otros dos uniformados eran, supongo, las comillas de la frase.

Me arrancaron una sonrisa no por el mensaje, sino por la alegría de verlos ahí, en medio de la ciudad. Me imaginé a sus madres tranquilas contándole a sus amigas la nueva misión del hijo que está prestando servicio en la ciudad, no en el monte donde le puede pasar cualquier cosa.

Esas son las relaciones extrañas que hace mi cerebro, porque a diferencia de muchos, no me voy a poner a criticar la política de la policía, ni a la institución, por poner a los muchachos a hacer eso mientras hay tanto robo en la calle, no tomo posición frente a eso porque no me interesa, porque yo tampoco tuve un hijo para mandarlo a la guerra.

Es el razonamiento que hacía mientras la noticia de la liberación de los secuestrados me llegaba a través de la voz de una amiga mientras estaba en el corazón de Boyacá. También sonreí, no por Ingrid, ni por lo que políticamente pudo significar el hecho, sino porque las madres podrían ver a sus hijos, los hijos verían a las madres, y sólo Dios sabe que ese es uno de los momentos de felicidad de los que tanto hablan, así se produzca todos los días, no quiero saber cómo puede ser luego de tantos años.

Mientras mi amiga estaba feliz, yo miraba los sembrados de papa, sólo podía pensar "la vida sigue", y no voy a tener más hijos, por lo menos no varones, porque además de tener razones egoístas, como el tiempo, el dinero, no le quiero dar ni este, ni ningún hijo más a esta guerra de mierda.

16 diciembre 2006

¿Cuando se ha visto un pájaro muerto de hambre?

Eso me preguntó mi papá el otro día hablando a cerca de lo preocupada que andaba por el dinero, entonces todo tuvo sentido… días después heme aquí desyerbando y echando cal a mi lotecito, pobre lo tenía tan abandonado…

Pero todo tiene una razón de ser, estoy trabajando de nuevo, y bueno lo curioso es que antes de producirme alegría, no estoy diciendo que no este feliz por el hecho de tener platica pa diciembre, sentí un profundo dolor que nunca había sentido, a penas vi que era un hecho el trabajo, igual son solo tres meses, me dio algo y empecé a llorar (duré toda una tarde echando lagrima) no quería dejar a Isaac solo, no podía pensar en cómo lo iban a consentir manos extrañas, en el primer pasito que esta a punto de dar, en sus palabritas, en su amor, pero bueno me toco hacer de tripas corazón y volver al mundo de los adultos.

De vuelta en el mundo de los adultos me di cuenta de que mucho de lo que había dejado de una forma ya estaba de otra, muestra de que el mundo no gira a mi alrededor; también recordé lo que odio de este mundo de adultos que me tocó, la ambición, la intriga, “el torcido”, en fin…todas esas cosas de las que termino siendo testigo así no quiera.

Pero bueno cuando toca toca bailar con la loca, y así es de nuevo en el papeleo, el trámite, la llamadera, el estrés, la acosadera, todo por la plata…

Pero bueno entre otros chismes cumplí un año de ser madre oficial, más nueve meses mal contados de madre no – oficial, a mi hijo todos le celebraron su primer año, eso fue con rifas, juegos y espectáculos, pero de mi, como de todas las madres, nadie se acordó, y no es que me duela, sólo me parece curioso. Soy primera hija y yo nunca me había a cordado de que mi mamá también celebra conmigo sus años de ser madre, en fin…

Todo ha estado digamos calmado, lo que me da un miedo terrible, porque después de la calma viene la tormenta (lo siento soy pesimista) y pues bueno aquí vamos nuevamente relacionándome con adultos, extrañando a mi hijo, pero sobre todo comprobando que la frase de mi papá es muy cierta ¿Cuándo se ha visto a un pájaro muerto de hambre?

26 septiembre 2006

El amigo amarillo de Isaac


Pesa diez quilos, mide 73 centímetros y le gusta desayunar con banano, en nueve meses, digamos dieciocho, me ha hecho más mujer que los 23 años que tengo encima… ya no es como te digo ¿como sería mi vida sin ti? No, no hay vida sin él… Su padre le dice gordillo, para mi es titi, su nombre es Isaac…



Mi felicidad era en la medida de lo posible, pero ahora se ha visto empañada por la llegada de su primer amigo, cuando está con él no voltea ni para pedirme comida… cuando reclamo afecto voltea, me mira y dice algo como titi titi tititititi y sigue con su vendito amigo… lo peor es que yo los presenté…

No quiero que sigas comiéndote todo lo que te ves, le dije, acto seguido puse en su manita lo que para mi no tenía ningún valor particular y que para él se ha convertido en compañero fiel, fue un acto inocente de mi parte, sin pensar lo que se venía encima, maldigo aquel día, desde entonces Isaac nunca ha sido el mismo…

Tenía características comunes, amarillo, de plástico y estaba por ahí sólo y vacío, pensé que lo miraría, mordería y dejaría a un lado, no…. Se ríe de él, pelea con el, lo deja a un lado, vuelve a buscarlo, me lo señala cuando esta en lugares inalcanzables, come, esta con él, gatea, esta con él, le pega a sus amigos humanos con él… da sus primeros pasos con él…ha llegado al punto de dormir abrazado a él…



Una amiga me dice “quien sabe que carencia esta supliendo con ese amigo” le digo “no se” luego me pregunto ¿seré culpable? Me respondo no, al fin y al cabo tener un amigo no le hace daño a nadie, menos cuando es un tarro amarillo…