04 octubre 2006

¿Dónde estará la niña?

Sufro del mal del paisa, me encanta organizar todo, tener una cajita para todo, un organizador para todo, a pesar de que en mi cabeza no hay orden, pero ese no es el punto, el cuento va a que como siempre estaba organizando las cosas que tengo en mi PC, cositas que he ido acumulando desde hace 6 años y me he encontrado con esta foto.

Durante el primer semestre de 2004 solíamos frecuentar un orfanato. Era una casa grande de esas que eran llamadas “de campo” por esas familias adineradas que vivieron en la Bogotá de antaño, de hecho aseguraban que había sido donada por la familia Lleras, estaba ubicada en Sibaté, cerca de ese lugar al que le tengo tanto miedo. Allí un grupo de monjas, favor no preguntar la comunidad, se encargaba de unas 400 niñas entre los 3 y 17 años.

Empezamos a ir por iniciativa de un profesor interesado en que adquiriéramos algo de experiencia social, su argumento era algo así como “ustedes hijos de papi y mami hagan algo por los que no tienen” para muchos era muy difícil ir, las visitas se hacían los sábados a las 8 a.m. y pues el guayabo a veces no dejaba... fui cuatro o cinco veces, creo que no falté ninguna.

Estas niñas tenían uno de dos orígenes habían sido abandonadas por sus padres o habían sido dejadas en este lugar en una especie de “internado” donde los padres pagaban una suma de dinero simbólica para que allí se hicieran cargo de su hija o de sus hijas, con este dinero se financiaba gran parte de la manutención de las que eran huérfanas

Cada vez que recuerdo ese lugar no puedo evitar que me pase un escalofrío por el cuerpo. Recuerdo la emoción que sentí en el regreso de todas las visitas, me juraba que ayudaría a estas niñas, hacíamos planes para regresar lo más pronto posible para seguir inventándonos cosas para divertirlas… pero nunca pasó. Las olvidamos muy pronto como si sólo fueran otra materia que teníamos que aprobar…


Una de esas niñas en particular cautivaba mi atención, y había otra que siempre quería estar conmigo. A la izquierda la que siempre quería estar conmigo… en el lado derecho la que llamaba mi atención.

La de la izquierda tenía una hermana que cuidaba de ella de manera muy diligente mientras estaban en el internado y de hecho siempre estábamos las tres, nos gustaba hablar de cómo era su vida en el campo y de lo bonito que era cuando salían de este encierro obligado a estar con sus papás de vacaciones, aunque un poco tristes me daban una razón clara para estar ahí “somos muchos y mamá no puede con todos” igual estaban las dos, lo que era un alivio…

De la segunda sólo recuerdo el nombre Jennifer, tenía 5 años en ese entonces y era lo que podríamos llamar una niña problema, silenciosa, agresiva, con todas sus compañeras peleaba, no le gustaba que la peinaran… en fin toda una “joyita”

Al ser hija de madre psicóloga, tiendo a ser psicóloga barata, es decir, vivo analizando a la gente, la maña se me ha quitado, pero en ese entonces solía hacerlo muy a menudo, entonces pensaba que esta niña quería atención, ahora que miro atrás creo que no estaba tan equivocada…

Una tía la había dejado en este lugar porque su mamá la había abandonado, todo gracias a que el papá las había abandonado. Jennifer me contaba que alguna vez habían sido felices, vivían los tres y ella era muy feliz… la explicación para estar ahí en su vocecita de 5 años y con esos ojos que me hacían llorar, era que como su papá había abandonado a su mamá, ella se había “puesto” muy triste y entonces la había abandonado a ella…

Las monjas me contaron una versión muy parecida de la historia, agregando que el padre había venido una vez, entonces Jennifer decía “igual me prometió que iba a volver”

No volví a ver esos ojos y se me olvidó que alguna vez, cuando pensaba que no iba a poder tener hijo, había deseado con todo el corazón, ser grande para poder adoptarla y que ya nunca más se sintiera abandonada…

Ahora soy “grande” y podría adoptarla y todo se me había olvidado…

2 Opinaron:

José Luis Peñarredonda dijo...

Alguna vez yo pasé por una experiencia similar, pero en el 7 ge agosto... Es muy triste ver qué temporales son nuestras ganas de ayudar... :(

Tanger Soto dijo...

Y siempre decimos: esta vez si...